Nuestros talleres

La creación colectiva no es un método nuevo: es una tradición, la de los grupos que a lo largo de la historia han entendido que la palabra y la memoria se fortalecen cuando se construye entre varias personas y no en soledad. Por ello, encontramos círculos de mujeres que se han reunido para contarse la vida antes de que existiera un nombre académico para eso; procesos comunitarios de educación popular que partieron de la experiencia vivida como materia de conocimiento, no de la teoría impuesta desde afuera; espacios de memoria colectiva que han usado el relato oral y escrito como forma de resistencia frente al olvido y el silencio.

Maraña se inscribe en esta tradición. No llegamos a enseñar una técnica: llegamos a abrir un espacio donde la experiencia de cada mujer se vuelve, junto a las otras, memoria compartida. La creación colectiva parte de una convicción simple y política a la vez: nadie necesita saber escribir “bien” para tener algo que merezca quedarse. Lo que se necesita es un espacio seguro, una escucha real, y la certeza de que la propia historia es suficiente.

Teniendo en cuenta lo anterior, para nuestro primer taller, decidimos que fuera en Cali porque es un territorio que se piensa a sí mismo a través de la música. Allí la salsa no es solo un género, es una memoria colectiva, es identidad, es una forma en la que la ciudad se ha contado su propia historia de resistencia. Empezar en Cali no es una elección de logística, es reconocer un territorio que ya tiene un lenguaje propio para hablar de memoria, y entrar en él en sus propios términos. 

Pensamos en las mujeres porque han sido, históricamente, quienes sostienen la memoria de una familia, de un barrio, de una escena musical, sin que casi nunca se les reconozca como autoras de esa memoria. Maraña nace para nombrar ese trabajo invisible como lo que es: un saber. Y luego, específicamente en las melómanas porque aunque no son músicas, son quienes han escuchado, guardado y transmitido la salsa durante generaciones, en la casa, en la calle, en el barrio. Esa escucha es, en sí misma, una forma de memoria. Por eso la música no es el tema del Laboratorio: es la puerta de entrada. Escuchar una canción abre el recuerdo; y escucharse entre ellas, en el círculo, abre la palabra.

Creemos que este proceso/espacio, puntualmente en Cali, puede llegar a ser significativo porque hay una memoria de esta ciudad que ha vivido casi enteramente en el cuerpo y en el oído, en cómo se escucha una canción, en quién la enseñó a bailar, en qué barrio sonaba primero un disco, y que nunca ha sido tratada como un archivo que merece cuidado. Convertir esa escucha en texto no es documentar la salsa: es reconocer que la ciudad ya tenía ahí, en sus melómanas, una forma propia de guardar su historia. Este laboratorio no le da memoria a Cali, le da un lugar donde esa memoria que ya existía se vuelve palabra compartida, y con eso, algo que puede quedarse y transmitirse.

Y es significativo para Maraña como colectivo porque este es el primer Laboratorio de memoria que vamos a realizar, de alguna manera es el taller que apertura nuestro proyecto grande llamado Maraña, y lo que se construya aquí: el método, el tono, la manera de acompañar sin corregir, el primer libro tejido entre varias voces, es lo que va a sostener todos los procesos que vengan después con otros grupos. No es simplemente un taller, es donde Maraña pone a prueba, por primera vez con material real, la pregunta que la funda: ¿quién decide qué voz merece un libro? Cada mujer que participe y cada texto que resulte es una respuesta concreta a esa pregunta, y ese archivo vivo, tejido entre lo social y lo editorial, es finalmente la razón de ser de Maraña.

Las actividades, en términos generales son las siguientes:

El Laboratorio de memoria se despliega en tres o cuatro días, cada uno con un propósito distinto dentro de un mismo recorrido:

  1. Apertura: el cuerpo y la memoria 
  2. Escucha colectiva y territorio
  3. Tejido entre voces